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Energía americana
Comienza a hacer carrera la propuesta de interconectar
las redes eléctricas de Norte,
Centro y Sur América.
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Bogota,
Colombia
June, 4th 2001
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Los habitantes de las Américas tienen nacionalidad,
pero los kilovatios no. Eso, por lo menos, es lo que
piensan los partidarios de un ambicioso proyecto de
integración energética que cubriría desde México hasta
Panamá y desde Colombia hasta Tierra del Fuego. La
idea consiste en extender una red de alto voltaje
intercontinental entre Norteamérica y Sudamérica aprovechando
el potencial hídrico de países bien dotados como Colombia
y Venezuela, para que los excedentes sean exportados
a regiones con deficiencias como Estados Unidos o
el propio Brasil que están afrontado situaciones de
racionamiento parcial. La propuesta surgió a finales
del siglo pasado en una reunión hemisférica de ministros
de Energía en Nueva Orleáns y fue ratificada en otro
encuentro continental hace apenas unas semanas. Y
aunque nadie pone en duda lo ambiciosa que suena,
alguno que otro entusiasta dice que es totalmente
posible.
Será factible la integración energética? Realmente
sí, siempre y cuando existan sobrantes en un sitio,
demanda en otro y proximidad geográfica. Por ejemplo,
algunos países de la Unión Europea tienen sus redes
interconectadas con el fin de darles mayor confiabilidad
a sus respectivos sistemas eléctricos. Incluso Colombia
tiene cables tendidos con Venezuela y Ecuador a través
de los cuales ha comprado y vendido energía en épocas
de crisis. Más al sur, Paraguay, Brasil y Argentina
se benefician de la central de Itaipú que nutre de
electricidad a esa región.
Una red eléctrica uniría Norte y Suramérica aprovechando
los recursos hídricos de tres países.
Pero una cosa es tener interconexión entre un grupo
de países vecinos y otra tender cables para todo un
continente. Complejo o no, en América Latina la idea
surgió porque según el consejo socioeconómico de las
Naciones Unidas, en Estados Unidos y Canadá el consumo
promedio es de 12.000 kilovatios-hora/persona/año,
mientras que en América Latina, oscila entre 1000
y 2000 kWh/persona/año. “Una conexión de alto voltaje
intercontinental entre Norteamérica y Sudamérica podría
conectar la hidroenergía potencial del sur con la
demanda eléctrica del norte. Pero lo más importante
sería aprovechar que en algunos países latinoamericanos
como Brasil, Colombia y Venezuela el 80% de sus riquezas
energéticas estan representadas en recursos hídricos,
mientras que en México, en recursos fósiles como petróleo,
gas y carbón”, afirma en entrevista con Cambio, Peter
Meisen, presidente de la fundación sin ánimo de lucro
Global Energy Network International, con sede en California.
La idea para muchos analistas más que soñadora es
imposible si se tiene en cuenta que el costo de expansión
de redes de alta transmisión asciende a un millón
de dólares por cada milla. “Estamos en un nuevo esquema
en donde el sector privado es el que manda. Si no
existe una demanda que justifique estas inversiones
¿por qué hacerlas? Con Enron estuvimos mirando la
posibilidad de interconectar a Colombia con México
y no era viable”, afirma Gabriel Sánchez, director
general de soluciones del grupo Unión Fenosa.
No obstante, por algo se empieza. En la medida en
que países vecinos se interconecten, se abre la posibilidad
de que otros países se les sumen y así se vaya creando
una gran red. Tal es el caso de Colombia y Ecuador.
Según la Unidad de Planeación Minero Energética del
Ministerio de Minas, Isa está estudiando un proyecto
de interconexión de una línea a 220 kV que iría desde
Cali hasta Quito. “En una reunión hace un mes estuvo
el ministro de Energía de Ecuador Pablo Terán, quien
en representación de su país está muy interesado en
un proyecto que busca la construcción de una red desde
Colombia hasta Quito. También participó el ministro
de Perú porque la idea es que Ecuador se interconecte
luego con Perú”, agrega Sánchez.. Pero el punto crucial
consiste en mirar hacia el norte. Eso implica vencer
los obstáculos naturales para llegar a Centro y Norteamérica.
Y aunque los optimistas saben que ese proceso tardará
años, insisten en que llegará el día en que un kilovatio
generado en Colombia acabe convertido en la luz eléctrica
que alumbre a un consumidor de California.
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